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Cómo ahorrar en calefacción este invierno sin pasar frío

Temperatura ideal, aislamiento barato, radiadores, horarios de la luz y mejoras que compensan: guía práctica para ahorrar en calefacción este invierno.

Termostato de calefacción marcando 19,5 grados

Barcelona (Redacción AEPG). — Octubre es el mes en que muchos hogares vuelven a mirar el termostato con cierta desconfianza. La calefacción es, con diferencia, lo que más energía consume en una vivienda en España: según el IDAE, se lleva casi la mitad del consumo energético de una casa media. Por eso, cualquier ajuste en cómo la usamos se nota en la factura mucho más que cambiar una bombilla o desenchufar el router.

La buena noticia es que buena parte del ahorro no depende de grandes obras ni de cambiar de caldera, sino de hábitos y pequeños arreglos que se pueden hacer este mismo fin de semana. Hemos reunido los que más impacto tienen, ordenados de lo más sencillo a lo que requiere algo de inversión.

La temperatura justa: el ajuste que más ahorra

La recomendación oficial es mantener la casa entre 19 y 21 °C durante el día y bajar a 15-17 °C por la noche, cuando estamos en la cama. Parece poco, pero con ropa de abrigo normal de casa es una temperatura confortable para la mayoría de personas.

El dato que conviene recordar es este: cada grado de más en el termostato supone aproximadamente un 7 % más de consumo. Pasar de 23 a 20 °C puede recortar alrededor de una quinta parte del gasto en calefacción sin tocar nada más. Es el cambio más rentable de toda la lista.

¿Apagar y encender o dejarla al mínimo?

Es el gran debate de cada invierno. La respuesta depende del aislamiento de la vivienda y del sistema. En una casa que pierde calor con facilidad, dejar la calefacción encendida todo el día a baja temperatura supone calentar continuamente un aire que se escapa. En esos casos suele compensar apagarla cuando no hay nadie y encenderla un rato antes de volver.

En viviendas bien aisladas o con suelo radiante, que tarda mucho en calentarse, mantener una temperatura base baja y estable suele ser más eficiente que los arranques en frío. Un termostato programable resuelve el dilema: se configura una vez y se olvida.

Que el calor no se escape

De poco sirve calentar bien si la casa funciona como un colador. Ventanas, puertas y cajas de persiana son los puntos por donde más calor se pierde, y casi todos tienen soluciones baratas.

  • Burletes adhesivos en puertas y ventanas: cuestan pocos euros y eliminan corrientes de aire en minutos.
  • Cajas de persiana: forrarlas por dentro con un aislante fino reduce una de las mayores fugas de las casas antiguas.
  • Cortinas gruesas: abiertas durante el día para dejar entrar el sol y cerradas al anochecer para retener el calor.
  • Láminas reflectantes detrás de los radiadores situados en muros exteriores, para que el calor vaya a la habitación y no a la pared.
  • Alfombras en suelos fríos de baldosa o terrazo, que dan sensación de calidez y permiten bajar algún grado.

Ventana de una casa con vistas a un paisaje nevado en invierno

Un truco sencillo para detectar fugas: acerca una varilla de incienso encendida al marco de la ventana en un día de viento. Si el humo se desvía, ahí hay una corriente que merece un burlete.

Radiadores a punto antes de encenderlos

Si tienes radiadores de agua, purgarlos al inicio de la temporada es imprescindible. El aire acumulado en su interior impide que el agua caliente circule bien, y el radiador se queda frío por arriba mientras la caldera trabaja de más. Basta con una llave de purga, un trapo y unos minutos con la calefacción apagada.

Radiador blanco bajo una ventana de madera

Tampoco conviene tapar los radiadores con muebles, cortinas largas o ropa tendida: el aire caliente necesita circular. Y en las habitaciones que no se usan, cerrar las válvulas (o las válvulas termostáticas, si las tienes) evita calentar espacios vacíos.

Ventilar bien, pero poco tiempo

Ventilar es necesario para la calidad del aire y para evitar humedades, pero en invierno basta con 10 minutos al día, a ser posible en las horas centrales, cuando fuera hace menos frío. Abrir de par en par durante poco tiempo renueva el aire sin enfriar paredes y muebles, que son los que guardan el calor.

Aprovechar las horas más baratas de la luz

Si te calientas con electricidad (bomba de calor, aerotermia, radiadores eléctricos o acumuladores) y tienes la tarifa regulada o una con discriminación horaria, el momento en que consumes importa tanto como cuánto consumes. Con la tarifa 2.0TD el día se divide en tres tramos:

Periodo Horario (lunes a viernes) Precio
Valle 00:00 a 08:00 (y todo el fin de semana y festivos) El más barato
Llano 08:00 a 10:00, 14:00 a 18:00 y 22:00 a 24:00 Intermedio
Punta 10:00 a 14:00 y 18:00 a 22:00 El más caro

En la práctica, programar la calefacción eléctrica para que caliente la casa a partir de las 22:00 o en las primeras horas de la mañana, y evitar los picos de la tarde, puede abaratar bastante la factura. Los acumuladores de calor están pensados precisamente para cargarse de noche y soltar el calor durante el día.

Cuándo sí merece la pena invertir

Si después de aplicar todo lo anterior la factura sigue siendo alta, el problema suele estar en el equipo o en el aislamiento de fondo. Estas son las mejoras con mejor retorno:

  • Termostato programable o inteligente: la inversión más pequeña y la que antes se amortiza.
  • Válvulas termostáticas en cada radiador, para regular estancia por estancia.
  • Cambiar ventanas por otras con rotura de puente térmico y doble acristalamiento.
  • Sustituir una caldera antigua por una de condensación o por aerotermia, que pueden reducir el consumo de forma notable.

Antes de lanzarte, consulta las ayudas a la rehabilitación energética de tu comunidad autónoma y de tu ayuntamiento: muchas actuaciones de aislamiento, ventanas o aerotermia están subvencionadas o desgravan en el IRPF si se acredita la mejora con un certificado energético.

Pequeños gestos que suman

Sofá con una manta para pasar el invierno en casa

Hay hábitos que no aparecen en ninguna factura, pero que permiten bajar uno o dos grados el termostato sin notarlo: vestir por capas en casa, usar mantas en el sofá, cerrar las puertas de las habitaciones que no se usan o cocinar al horno en los días más fríos aprovechando el calor residual con la puerta abierta al terminar.

Ninguno de estos cambios por separado es espectacular. Juntos, y aplicados desde el primer día de frío, pueden marcar la diferencia entre una factura de invierno que asusta y otra perfectamente asumible. Y lo mejor es que la mayoría se pueden poner en marcha hoy mismo.

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